ENRIQUE MENESES (Documental “LA ÚLTIMA FRONTERA”)

El gran periodista español,  maestro de maestros Enrique Meneses, escribió un magnífico artículo sobre  el documental “LaÚltima Frontera – Inshal·la Europa” que adjunto a continuación:

ENRIQUE MENESES

MIércoles 5 de Octubre de 2005
Como periodista solo me queda felicitar a los autores de “La última frontera”, el reportaje que nos ofreció Telecinco el martes a medianoche. Un documento que habrá conmovido a toda la audiencia, un 20% de “share” pese a la hora. Solo queda pedir a este canal que lo vuelva a ofrecer en hora más asequible para quienes madrugan al día siguiente.

El reportaje narra la historia de un grupo de cameruneses que cruza media África para alcanzar Melilla y dar el salto a Europa. Yo realicé el recorrido inverso filmando para TVE-2 en 1981. Madrid, Tanger, Argelia por Oujda, Argel, Agadez (Niger), Nigeria, Camerún. Luego seguimos por Gabón, Congo Brazzaville, Zaire, Sudán y Egipto. Del África subsahariana, Camerún era el país que mejor nivel de vida tenía. Su potencial turístico es enorme porque es un compendió de todo el continente. Tiene pigmeos, parques naturales, gorilas, selva, llanuras. La gente vivía menos infeliz que en países vecinos aunque, como en todos ellos, la corrupción de los dirigentes y la sobreexplotación de las maderas preciosas, tarde o temprano empobrecería a todo el mundo.

Venir desde Camerún hasta las puertas de Europa atravesando el enorme desierto del Sahara, es una proeza que subraya la desesperación de un mondo que hemos abandonado a su suerte. En el reportaje hay un fragmento impresionante: un herido nos anuncia que un día África se sublevará contra tanta injusticia y miseria. ¿No estamos asistiendo al alba de ese día?

Hay quien dice, con toda ligereza, que Marruecos está metiendo un caballo de Troya en Melilla y Ceuta. Yo creo que si fuese cierto, no estaría invadiendo estas dos ciudades españolas con negros que nada tienen que ver con el Reino Alauita. Por otro lado, para nuestro vecino del sur, guardar miles de kilómetros de fronteras, sin ayuda internacional, es practicamente imposible. Queremos que la gendarmería marroquí sea más contundente en su rechazo de esa inmigración negra en la frontera con Argelia y Mauritania pero ¿que hace? ¿Se los queda para siempre en su territorio? ¿Multiplica por mil una policía de fronteras, ahora inexistente?

Los países que originan esa avalancha están jugando a colocar el mayor número de ciudadanos suyos en la Unión Europea. A falta de darles trabajo, se quitan bocas que alimentar y perciben remesas importantes de dinero en sus patrias. Pero este fenómeno lo conocemos muy bien los españoles por haberlo practicado en el pasado, asiduamente, en Europa y América. Bruselas tiene que unificar la Policía de Fronteras de la Unión y hacer presión con los fondos de ayuda al desarrollo que se envían a esos países y cuyo control es mínimo. Un ejemplo: Un Peugeot de segunda o tercera mano se adquiría en Paris en 1981 por 3.000 francos, los jóvenes aprovechaban sus cavaciones de verano y lo llevaban hasta Camerún, Mali, Congo donde lo vendían por 30.000 y regresaban a Europa en avion de la UTA por 1.200 francos. Este negocio se ha terminado por exceso de oferta pero es destacable el número de ciudadanos-funcionarios o jefecillos que puede permitirse adquirir vehículos europeos a precios desorbitados. ¿De donde obtienen el dinero? Lo más seguro es que estuviese destinado a la “ayuda al desarrollo”.

Soy coherente con lo dicho en otras ocasiones. El ejército no sirve para luchar contra el terrorismo pero tampoco para detener una avalancha de civiles desarmados y con la desesperación que da el hambre. No me gustó ver un policía o guardia civil español dando patadas a un pobre inmigrante que había conseguido alcanzar suelo español. Un aplauso para la Cruz Roja y las ONG que se esfuerzan por aliviar el destino de estas personas que, tristemente para sus países, constituyen lo mejor de su juventud, y lo más preparado. Sacar del subdesarrollo cualquiera de esos países subsaharianos no solo requiere ayuda económica bien controlada por los donantes sino una juventud preparada y dispuesta a echar manos a la obra. El problema es que muchos, una vez en Europa, no querrán regresar nunca a su país.

 

ARTÍCULO ORIGINAL ENRIQUE MENESES

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